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Fools-Map 1590¿Hemeroteca personal? ¿Archivo? ¿Rescate de lo que el tiempo no ha reducido todavía a hojarasca?  Es posible. Tiempo de recuento este y de último tranco. Trabajos perdidos. Muchos. Olvidados. Escritos a la carrera para cumplir el compromiso o el trabajo del día en periódicos de los que me echaron a empujones, ABC, por ejemplo, o El Correo, de Bilbao, en los que colaboré durante muchos años, demasiados. Algo ha quedado, creo yo, de todo aquello. Aquí lo voy a ir trayendo. En veinte años de escribir artículos algo habrá quedado. Antes los reunía en volumen, ahora no tengo editor para eso. Revisitar la propia obra viene bien para saber hasta qué punto has tirado od ejado de tirar la vida por la ventana, y las ganas.

Y además de Hemeroteca y Archivo personal, caprichosos y desordenados, cacharrería, gambara de imágenes y de cosas y de su memoria, fragmentos, embriones y borradores de libros que no acabaré. [28.11.2015]

 La prosa de la derrota y del fracaso, del desgarro que les acompaña,  mala, pésima prosa esa, lo voy viendo conforme me asomo a los trabajos de una vida, y veo con que miedos y entusiasmos comenzaron y con que asco y zozobra terminaron. [30.11.2015]

No puedo ver la historia de mis colaboraciones en prensa sino como algo acabado. Frnando Valls, antes de callar, cuando me dedicó un dossier en la revista Quimera, señaló que yo era un gran columnista de prensa. No debió de ser para tanto cuando nunca logré tener una colaboración fija.

ABC. “Tú manda que ya te publicaremos”. Era exasperante.
En ABC me mantuve porque era mi único ingreso y desechando otras ofertas por contra ofertas que nunca se materializaron en nada. Culpa mía. Me fiaba, pero no tenían palabra. Eran granujas. De Blanco y Negro, me echaron gracias a la intervención de Juan Manuel de Prada, como bien saben Nacho García Garzón, Valentí Puig, Zarzalejos y aquel capón de lo dirigía y no tuvo el cuajo de llamarme para decirme que estaba fuera. ¿Por qué? Lo ignoro.
Me fue mal con Blanca Berasategui, pero no me fue mucho mejor con los que vinieron luego que hicieron todo lo posible por hundirme: María Luisa Blanco, infame persona, rebosante de mala intención, Fernando Rodríguez-Lafuente, solo atento a su medro personal y a tejer la red de los amiguetes de conveniencia… Me había convertido en “una herencia del periódico”… Así hasta que un día, ya muy harto de empujones y de verme obligado a escribir estupideces de diez líneas, me fui.

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