Trucos de escena

cartell Tartuf800

NADA más patético que las añagazas a las que recurre el escritor que ha basado su oficio en el espectáculo y duda de su oficio, de si mismo y hasta del copón de la baraja. Nada de autocrítica entonces, sino más sesiones que no bajen bambolla. Si descubre, tarde siempre, que el público se cansa o se da cuenta de que ese mismo público empieza a sospechar que es un saco de humo librado a las artes de la escena y a la tartufería, entonces reniega de esas mismas tablas, de la bambolla mediática y se hace el eremita literario y hasta compne el gesto de tal. Hay escritores o mejor, hay personas, que no tienen remedio. Lo cierto es que cuando el escritor se siente acabado y enseña la trama desgastada de sus trucos, recurre a la entrevista periodística amañada para recuperar el crédito perdido, y ahí expone, por ejemplo y como mínimo, que se va a ir a Nueva York a escribir una novela sobre un zar de Rusia que se hizo vasco de mayor, o viceversa tal vez, que también tiene su miga, o alguna otra jacarandosidad por el estilo, resultona, enorme, disparatada, sí, pero muy atractivo para un público de avestruces que digiere hasta las piedras. Quien ha hecho del marketing y las operaciones calculadas al milímetro su verdadera patria, reniega de ella lo más publicamente posible con olfato de perdiguero y maneras de folletín hecho escena. Me dirán ¿tiene esto que ver con la literatura? Pues sí y no. Tiene que ver con la indecente manera, denunciada hace unos días por Jiménez Lozano, el último premio Cervantes, en que a base de maniobras de agentes literarios sin escrúpulos, palmeros y mamporreros mediáticos que saben cómo levantar sacos de humo para construir famas, editores dedicados al bandidaje, libreros que esconden los libros de aquellos autores que no les gustan, amiguetes y secuaces puestos en pie de guerra, instituciones representadas por zánganos y sobre todo autores dispuestos a todo para conseguir la gloria dichosa, sea, en la actualidad, mucho más interesante este estado de rencilla y azuze, de trampa y de cartón que oculta la ausencia de ideas, que las propias obras. La sociedad literaria es ya una balzaquiana materia novelesca, duerme bajo una perenne sombra de la higuera.

*** Tal vez se publicara en el suplemento Territorios del diario El Correo, de Bilbao, ignoro la fecha.

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