Y casi fue así

imagesNo cualquiera puede levantar la traza de la geografía de un mundo remoto, como es la isla de Saint-Jacques des Alises, en las Antillas; una isla omitida en los mapas, toda una categoría geográfica esa, capaz por si sola de encender la imaginación del lector, sea o no viajero inmóvil. Tan omitida que hasta es inútil buscarla en la Guía de lugares imaginarios (1992) de Manguel-Guadalupi. Pero eso es precisamente lo que consigue Patrick Leigh Fermor, autor del memorable relato de viajes Tiempo de regalos, cuando rememora la existencia de aquella isla lejana contada por uno de los últimos testigos que llegaron a verla en toda su plenitud, en otra época, claro: una vitalista anciana de origen francés a quien el autor encuentra, hacía 1950, en Mitiline, al borde del mar Egeo.

La isla de Saint-Jacques es un lugar tan paradisiaco que hasta los suculentos manjares que se consumen en sus fiestas han sido allí robados, pequeñas reliquias de un paraíso del que la isla es un espejo velado, más para unos que para otros, claro. Un lugar que mientras se espera la llegada de un mítico De Dion-Button, conserva un cierto sabor a la época criolla de Napoleón III, en dibujos y grabados de los que coleccionaba Mario Praz, y donde las iguanas tiemblan cuando les silban compases de Donizetti.

Si como sostiene Fermor un baile es un mundo, él, además de poner en el mapa una isla olvidada, pone en escena un fastuoso baile de máscaras de martes de carnaval que terminará en el preceptivo miércoles de ceniza con un brutal baño de esta. Como coreógrafo de ese baile de máscaras, el muy novelesco personaje Patrick Leigh Fermor resulta imbatible, sencillamente asombroso, en la descripción y montaje de un escenario exuberante en el que evolucionan máscaras abigarradas en una danza amena que termina siendo zarabanda de la muerte. Nada como ver hundirse un paraíso –parece decir Fermor– para aferrarse a aquel teresiano «vivir de buena gana», mucho más fácil de poner en escena en el papel que llevarlo a la lluvia de ceniza de los días.

*** Nota a propósito de  Los violines de Saint-Jacques, de Patrick Leigh Fermor, publicada en Abc Cultural, Madrid, 4.3.2006.

 

 

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