Calle Pío Baroja, en Valparaíso (y 3)

VIAJE 1 39811887545_301782963278965_4528841589176785062_oEl fragmento corresponde a unas líneas de un artículo del poeta Guillermo Quiñonez, «De Valparaíso… Cerros, barrancos, abismos y pueblos», publicado y recogido en En Viaje, nº 281, Marzo de 1957, y luego en ese libro espléndido que es Memorial de Valparaíso, de Alfonso Calderón.

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Valparaíso, una reunión festiva de compadres barojianos que subían cerro Cordillera arriba, hasta dar con un descampado en el que había un circo en derrota y con la calle Pío Baroja… poetas, un dramaturgo, un músico. Tardé en darme cuenta de que era una reunión de gente excepcional que por si sola tiene una novela de exlio republicano español en Chile.
Alfredo González, autor de unas estupendas memorias, De carne y sueño
Juan Uribe-Echeverría un pelotari barojiano, amén de folklorista y novelista, en Sabadomingo, a quien debemos los navarros el oxímoron barojiano, referido al periódico de los carlistas (El Pensamiento Navarro), de que pensamiento y navarro es imposible.
Un músico, el cellista Salvador Goñi… tardé en darme cuenta de quiéne era. Me ayudó google. Le puse por casualidad el segundo apellido y acerté a la primera: Salvador Goñi Urriza, de los Goñi Urriza, de Pamplona, como su esposa (de eso que llaman de familia conocida hasta ahora mismo), los peligrosos Goñi Urriza. Salvador Goñi, abogado, concejal socialista del Ayuntamiento, exiliado, que de haber sido atrapado habría sido fusilado porque todos los hermanos fueron muy buscados, ellos y sus amigos, porque tener amistad con los Goñi Urriza era motivo de denuncia y prueba de cargo. Salvador Goñi Urriza padre de una arquitecta chilena de prestigio y abuelo de una novelista.
“El santanderino José Quintanilla”… caray, es el hermano del pintor Luis Quintanilla (durante meses jefe de los servicios secretos republicanos en San Juan de Luz), un personaje, José, de vida tan oscura que nadie quiere tocarla, ni su familia quiso saber qué hacia Pepe en el Madrid rojo, con sus trapicheos, sus influencias policiales y sus líos, y que había encontrado refugio en una conservera de langosta en Juan Fernández, lejos, de verdad lejos… ¿Sabían sus amigos del domingo porteño y  barojiano quién era en realidad el santanderino? De hecho, ya nadie lo sabe. Lean: José María (Pepe) Quintanilla, por Javier Rubio Navarro, autor de fiar.
Y el cronista de la parranda, el poeta Guillermo Quiñonez , para mí el gran poeta del puerto, junto con Pablo de Rokha en Oceanía de Valparaíso. Días de fiesta, días barojianos, lejos de aquellos otros en los que Alfredo González acusó, de manera velada y con tristeza, a Juan Uribe-Echevarría de connivencia con el régimen de Pinochet. (Continuará)

 

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