El mercado central de la coca

ADEP COCA es el mercado central de la hoja de coca en la ciudad de La Paz. Está en el barrio de Villa Fátima. Ahí es donde llegan, de madrugada, los camiones procedentes de Los Yungas cargados con los hatos de hoja de coca recién cosechada. Se vende al por mayor, a partir de una libra. No hay minoristas. Los minoristas están en los mercados de abastos o en algunas chiflerías, a veces en plena calle, pero es raro.

El mercado está instalado en lo que fue una fábrica de fósforos. En su interior flota un olor acre, muy intenso. Apenas se podía dar un paso, entre empujones y pocas voces. Eso sí, se escuchaba el ruido de los paso al hacer rozar las hojas de coca con el cemento del piso. Grandes básculas antiguas para ir pesando los hatos. Ambiente espeso.

Hasta el último rincón del enrevesado edificio está ocupado por comerciantes de coca rodeados o sentados encima de sus hatos. Lo recorre de manera incesante una procesión de compradores, de cargadores, de vendedores y vendedoras. Hay indias hieráticas y criollos vivarachos. En algunos puestos los compradores hacían grandes colas. Galpones y más galpones, hatos abiertos o cerrados, amontonados, cortando el paso, oscuros, blancos, marrones, colores vivos de los aguayos y el verde oscuro y fresco de la hoja de coca. La libra estaba a 14 bolivianos la hoja de primera calidad y a 12 la más corriente. Menos de una libra no se vendía. Afuera los eternos puestos de comida y un rosario de pastelerías con café y dulces. Se prohibía orinar con motivo.

HASTA ahora no conozco boliviano que no me pondere el consumo de hoja de coca y sus propiedades medicinales, bien fresca, bien seca. Sobre todo la de hoja pequeña de Los Yungas. Miles de familias, en varias zonas del país, viven del cultivo de la hoja y su consumo es algo tan cotidiano, tan usual que su supresión resulta impensable: digestiva en infusión y jugo,  tónico nervioso, relajante, muy ligero euforizante y energizante y hasta bueno para los dientes si se consume sola, sin el abrasivo tradicional de la “lejía”, lo decía algún jesuita antiguo. Propiedades puestas en tela de juicio salvo por los que la consumen a diario… muá.

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