Rumias escocesas

 

ESCOCIA 2008 151

Escocia es un país muy hermoso y parece estar habitado por gente bastante peculiar o que cuando menos tiene fama de serlo. Es un país, y un reino perdido, engullido por otro más poderoso, aunque haya recuperado su parlamento propio, cuya historia huele a revueltas, rebeliones, firmes lealtades, división política, enfrentamientos, fracasos, disidencias y heterodoxias varias, tanto políticas como religiosas y filosóficas. Su paisaje está jalonado por bosques enormes de robles, hayas, alerces y majestuosas coníferas de Caledonia, castillos, ruinas, cementerios, granjas, pueblitos, destilerías de whisky, páramos y parajes agrestes que el brezo veraniego pinta de rosa (como la subida a Legate, pero a lo bestia) y la mica hace brillar.

Los escoceses tienen fama de ser gente bronca y cerrada, y en esa calidad caricaturesca han sido llevados al cine y a la literatura, cuando lo cierto es que raro será el lugar –tal vez en las Hébridas exteriores- donde no te encuentres con gente que se te acerca para ayudarte en lo que pueda, sin más, sin segundas ni terceras. A fin de cuentas eres el guiri de turno, el Otro, ese en quien lo habitual es afinar la natural xenofobia, y lo normal es que andes perdido o camino de estarlo, en ciudad y en el campo. Sueles necesitar ayuda. Resulta raro, por tanto, ese trato amable, cuando la especie que cunde es que hablar con desconocidos es una imprudencia que puede costarte la vida. Hay países donde el dinero que puedas llevar en el bolsillo hace que tu vida no valga nada, cierto, pero también la actitud de prevención más extendida hace que caigamos en la hostilidad manifiesta y en el andar a cara perro.

Robert Louis Stevenson, natural de Edimburgo y autor de La isla del tesoro, hace decir a uno de sus personajes, natural de las tierras bajas de Escocia que, en una situación difícil, se acaba de beneficiar de la hospitalidad de un extraño de las tierras altas: <<Si estos son los montaraces escoceses, me gustaría que mis paisanos fueran más montaraces>>. Los prejuicios y las ideas recibidas nos pueden, parece que nos facilitan el enraizamiento, nuestra posición en el mundo y al final son como la zarzamora, nos ahogan.

Luego resulta que, por fortuna, todavía hay <<escoceses>> de esos en tu tierra, entre tus propios paisanos, gente que cultiva un trato humano e igualitario que tal vez haya mamado o haya encontrado en el aire como quien dice, y lo ha respirado. Son un don y una riqueza inapreciables. No hay por tanto que ir tan lejos para saber de lo que todavía es el trato humano en condiciones o situaciones difíciles o delicadas. Puede ser cuestión de suerte y puede no serlo. No siempre somos bien recibidos en todas partes y el color de nuestra piel, nuestros papeles de identidad, nuestro origen y hasta nuestras ideas pueden ser el motivo de recibir alguna mala pasada. Basta que las tornas cambien, basta tropezarse con el bruto que esté de guardia.

ESCOCIA 2008 121  En el aeropuerto de Barajas asistí hace nada a una escena indignante. Una pareja se disponía a pasar el control de acceso a embarques. Él era blanco y fue tratado por la matona (porque de matones a sueldo se trata y como tales se comportan), de usted y de caballero; ella era negra y de inmediato padeció un tuteo agresivo, sin contemplaciones, propio de quien tiene muy claras las diferencias de rango social y vital, propias de un país de amos y de siervos; un tuteo desabrido muy expresivo de qué era lo que bullía en la sesera de quien se sentía perteneciente a una raza superior, aunque por la traza se le notara apenas. Estaba claro que la mujer, de haber sido blanca, habría sido tratada de otra manera y eso AENA no puede ignorarlo. Algo instintivo supongo, pero en las relaciones sociales el haber dejado el instinto, individual y tribal, a un lado es una conquista social que ha costado siglos. Es una cuestión política. No se puede tirar la toalla y pensar que es cuestión de irse acostumbrando y de admitir que eso forma parte de las signos de tu época y que nada ganas ya con indignarte, porque es irremediable. No hay anda de lo que concierna a la xenofobia, el racismo y los derechos humanos que sea ni irremediable ni irrenunciable.

Acercarse a la administración y recibir, por el hecho de ser extranjero, un trato desapacible es un riesgo que corren los inmigrantes y quienes se encuentran en país extraño. Puede resultar desagradable y hasta un atropello, pero puede resultar temible acercarse en calidad de extranjero a un centro médico y no ser atendido o ser mal atendido por ello. A mí no me ha pasado. Al revés. Todavía estoy asombrado por la calidad humana de los médicos, no todos escoceses (hubo un irlandés de por medio), que me trataron de urgencia en Pitlocry y en Aviemore, al pie de los montes Cairngorms, y siento una gratitud que no sé cómo expresar. Daba vergüenza ser atendido en un hospital o en un centro de salud –como el de Aviemore, cosa que habrán tenido oportunidad de comprobar esquiadores y alpinistas-, con humanidad, mimo y gratuidad, cuando aquellos mismos médicos o sus próximos habían visto cicateada la atención médica en sus viajes a España a extremos de auténtico delito (con el Código Penal en la mano), asunto este que, por cierto, sale una vez y otra en las noticias, sobre todo en Cataluña. Me temo que estemos a punto de perder parte de una riqueza, no sé si del todo <<natural>>, que teníamos y que la sociedad neoliberal del bienestar que ahora hace agua por todas partes se haya llevado por delante parte de ese capital del que disfrutábamos hasta hace nada. Primero la atención, luego los papeles. Sí, ya sé, que es una cuestión administrativa llena de imponderables, pero antes es una cuestión de intención política, de sistema, una creación voluntaria, algo que depende de programas políticos prioritarios que contemplen las más amplias coberturas, prevenciones y calidades médicas y sanitarias, con algo más que con palabras grandilocuentes y vacías. El bienestar de nuestra sociedad se mide por algo más que por nuestra capacidad de consumo.

*** Artículo publicado en Diario de Noticias, de Navarra, “Y tiro porque me toca”,  10-VIII-2008.

 

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