Paisajes

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EL poeta suizo Ramuz habló del paisaje como patria, algo que, como todo lo relacionado con las patrias, queda bien en el papel, pero que es un entelequia poética como cualquier otra porque luego no se sabe bien qué se quiere decir con eso. Y si no que se lo expliquen a un escritor desplazado, desposeído de paisaje propio, hombre a la fuerza errante, como pudo serlo Joseph Roth. Los desplazados es por cierto el título de un brillante ensayo (algo menos espeso que de ordinario) de Mario Praz, donde este viene a hablar de esa condición del siglo donde libertad y desplazamiento van a menudo tan unidas. Tal vez en lugar de patria bastara con hablar de ese lugar entre cielo y tierra que está, vaya usted a saber dónde está, y que nos hace sentirnos en nuestro sitio en el mundo, no ser (momentáneamente) unos desplazados, convenientemente desarraigados para ser nosotros mismos, no meros miembros de una tribu más o menos feroz, y sólo eso. Ese lugar puede estar en donde nacimos, en donde hemos ido a parar o lejos, en otra parte, sin que para llegar allí sea necesario el pasaporte Nansen: en algún lugar de la Patagonia, en uno de sus fiordos, para Luis Sepúlveda, en la tierra del Dolpo, en el Himalaya, para ese escritor tan emocionante como marginal que es Peter Matthiesen, así al menos lo dejó dicho en su Leopardo de las nieves. De ese lugar pueden echarnos, pueden empujarnos, pueden retenernos en él a la fuerza, podemos también aceptar las servidumbres de su ley de la tribu, y entonces el lírico lugar en el mundo se hace cepo. La poética del lugar en el mundo, del paisaje propio y hasta de la casa como isla, es azarosa y lleva consigo una cierta precariedad y a veces una cierta amargura. El lugar puede perderse, pero puede ganarse de continuo, puede construirse incluso, como hizo Pío Baroja con su País del Bidasoa, que se hizo visible gracias a las páginas literarias. Escritores arraigados, escritores desarraigados, entre ambos hay un territorio, un paisaje con leyes propias, el de la escritura, el de la literatura, el paisaje de la invención, a veces no queda más que ese, patria o zorrera, tanto da.

*** Artículo publicado en El Correo, Territorios, Bilbao, 9.9.1998

 

 

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