Viajes sin retorno

 

libros-que-inspiran-viajes-01 ALGUIEN, parafraseando el título (lo mejor) del libro de Joseph de Maistre, Viaje alrededor de mi cuarto, dijo que ese es el único viaje del que no se regresa. Hombre, no exageremos. Lo cierto es que hoy proliferan los libros de viajes destinados, imagino, a esos viajeros inmóviles que dicen, como Lezama Lima, “qué poca gente habrá viajado tanto como yo entre las paredes de mi biblioteca” y que dejan en el aire el olorcillo del tartufo que ni viaja ni lee, pero se pone en escena con un cuajo de campeonato. Hoy proliferan los libros del yo, los libros de la memoria, los libros que hacen con la propia andadura su poco de novela -ya dijimos que Díaz-Plaja en su Arte de quedarse solo veía en ellos una anticipación del suicidio del autor comparándolos al espejo último en el que se reflejó Larra-; pero proliferan también los libros de viajes, los relatos de viajeros del día y de los de antaño que como los folletines decimonónicos de La Tour du Monde y otros sirvieron de poderosos tiradores literarios de un Jules Verne, por ejemplo, y en general alentaron un par de generaciones de culos de mal asiento. Hoy el viajero es descreído y amargo, porque amargo es ir al techo del mundo, sea el Tíbet o sea Mustang, y encontrarse en los aledaños una cuadrilla de teutones botando al ritmo de Macarena y ponerlo por escrito. Raras veces tropieza el viajero con la magia y el deslumbramiento de lo desconocido (lo fabrica casi: Matthiessen). No busca lo raro, busca ser testigo, busca ofrecer la verdad (temible asunto). Por eso lo normal es que se tropiece con el filo de la navaja, con el ojo oscuro del kalashnikov. Los libros de viajes se hacen así pasto para la melancolía radical de los viajeros inmóviles en unos casos, mientras que en otros se hace auténtica literatura de anticipación y de terror, cuando hablan de la barbarie, la pobreza o el escaso valor de la vida humana -ese es el paisaje, ese-, que suscita, me temo, más que un instintivo movimiento de piedad, un temor difuso a las tinieblas, a la barbarie, a las auténticas leyes de la tribu, al desposeimiento, y una invitación cierta al viaje a la galería más recóndita de la propia madriguera. [3.11.98]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s