Para leer en un manicomio de papel

20-Libreria-en-Londres-destruida-durante-un-ataque-aereo-1940  HACER futurología o fantasía recreativa no es mi fuerte. La gente, además, miente que es un gusto, y en la televisión, más: <<¿Usted lee?>>, pregunta el presentador de turno y muy ufano le contesta el menda que está de guardia<<¡Vaya que si leo, me sobra afición, aunque me falte tiempo!>>. Mentira. Salta a la vista. Hay gente que lee hasta libros inexistentes, como El vecino del tercero de Gustavo de Maeztu, pero esta es harina de otro costal. Como hay gente que roba libros por docenas aprovechando que te mudas de casa. Al personal le dices: <<Dígame los cinco libros de su vida>> y se queda corito, pasmao, una mano delante y otra detrás, no sabe qué decir, echa mano de las telarañas de su sesera. A mí me pasa y como nuestra nadas poco difieren, pues eso.

Y ya si le dices lo de qué libros se llevaría a una isla desierta le entra pavor Porque es que a la gente lo de irse a una isla desierta no le tira mucho, como no sea para ganar algo o hacer el borde. Y la lectura tiene mucho de isla desierta. A lo mejor no es más que eso. La gente prefiere, con mucho, las Seycheles. Y a las Seycheles, como a Santo Domingo, y al Caribe de los urralburidos, la gente no va a leer. Va a otra cosa. Y casi todos a lo mismo. A leer no. Además, qué se va a llevar libros a una isla desierta, la gente se llevaría algo para zampar o para fornicar, yo qué sé, pero libros no, como no sea para encender una hoguera, y aun así, porque la gente sabe, por experiencia que le dicen, que los libros arden mal, se amazacotan, verdad, y atascan el mejor de los tiros y dejan mohina la más vivaz de las piras. La gente es muy suya y en una isla desierta, más, ni comparación vamos. Igual hasta se llevan el manual del fumador de puros de Zino Davidoff para pasar el rato. Dales puros, dales el libro desencuadernado, el de las cuarenta hojas, el que les hace sentirse listos, listos, bajo los porches del alma, no les des Montaigne, que igual les quita el sueño y las ganas de pifar.

Pero el caso de la biblioteca seria no es el mismo que el de la isla desierta. <<¿Qué libros deben estar a su juicio en una biblioteca?>>. Y el personal (y yo también porque soy de la cuadrilla) se pone serio, sesudo, humano, lírico, fraternal, igualitario, solidario, profundo, mon semblabe, mon frere, y en lugar de reconocer que él, juicio, lo que se dice juicio, no tiene o tiene poco, quiere libros para meditar y para instruirse y para lucir vitola de culto e instruido y demás, y habla a tontas y a locas, y miente a veces, y generalmente lo sabe, pero como mienten todos, pues qué más da. La gente queremos libros clásicos, queremos libros de prestigio, libros que no defrauden, que sean, como el perro, el mejor amigo del hombre, aunque no sé yo si no habría que empezar a dudar de la inteligencia o el instinto del perro (Baroja, dixit), habida cuenta de su amistad por animal tan dañino como el amo de ocasión.

Si nos preguntan lo de los libros queremos no quedar como unos perfectos indocumentados o como unos patanes, que eso es lo que somos la mayoría. Las cifras de ventas cantan y los verdaderos visitantes de las bibliotecas son tan raros, tanto, que habría que hacerles un homenaje. O varios… por lo menos dos. Y canta también mucho el propio talante, tal vez demasiado. Casi se nos ve a trasluz qué libros no hemos leído. Lo mejor de los libros es que es un asunto privado y que así debería quedar.

Ahora, eso sí, si me tengo que poner pincho, ciudadano de primera, con derecho a voto y mi constitución y de todo, yo diré que en una biblioteca que se precie no falte ese Quijote que muy pocos leen, la verdad, más que en el día del libro (famoso), en esa lírica fantasía que es ponerse a leer el Quijote como quien hace una gran cosa, un homenaje a Dios sabe qué o qué cosa, pero como está de moda, nadie dice nada y queda bien y, sobre todo, queda aburrido, que es de lo que se trata. Es como una misa, pero rara. Se ve que nos tira. A mí, en Madrid, hace unos días, un chorbo con menos imaginación que una hiena, me invitó a leer a todo leer Os Luisiadas. Eche a correr, a correr, creí que era el día famoso de la bestia, el del 666, y me salvé como pude de la tortura. A mí qué demonios se me habían perdido en aquella palestra leyendo algo medio sagrado. Ninguno. Pero no, hay que tomarse en serio las cosas, todas las cosas, hasta las que son inútiles totales. Sin contar con que a ver quién es el guapo que se mete con Cervantes, el que tenía la sesera llena de dolor y de comprensión de sus semejantes y de ruidos de amargura, y con Sancho Panza y con la Dulcinea que era una gamberra, y con sus sueños y delirios que a la mayoría le resultan incomprensibles cuando no desconocidos, como el discurso radical de ese caballero de los leones que vale, por el arrojo de vivir, para todo tiempo y lugar, como si fuera un bálsamo del tigre a lo bestia.

<<Otro libro que no debe faltar en una buena biblioteca>> [habla aquí Tartufo con voz impostada de hermano fosor de la cultureta] serían los Ensayos de Montaigne, que según dice la gente que sabe, fue el inventor de la intimidad, y, en la edad moderna, casi del pensar por cuenta propia, el de mirar las cosas de frente sin que nos dicte nada, nadie. Y un maestro en ese oficio de meterse en un cuarto y leer sin molestar a nadie, sin padecer ese prurito de ser imaginativo para asuntos del incordiar al personal con ideas y con actos y con puñetas. Tu, a tu torre, la pones donde te la gana, hasta en la biblioteca del barrio, y a leer, que no pasa nada, que eres tu la materia de los libros, tu mismo, con tus sueños, tus penas, tus miedos y perplejidades, y tus glorias de cuatro perras, padrecito coraje de los demonios.

Y metería Nietzsche, entero, en un volumen, para que entre en la propuesta, que me parece un autor fundamental, de esos sin los que sería imposible comprender la marcha del universo mundo, porque le hace creer al personal que es un superhombre, un tipo que se puede comer el mundo a bocaos, en un mundo en el que quien no tiene una cuenta corriente jugosa, un puesto, un acta de diputado, algo, no vale una mierda. Eso está bien. Te metes entre pecho y espalda unas páginas de esas del vagabundo y su sombra o algo así o del Humano, demasaido humano, pensadas reciamente, y te dices <<Jooooder, que es que estoy hecho un mulo>>, y sales a la calle y como llevas un casco virtual de papel y de vida no ves como te azacanea y se despiporra de ti el de hacienda, el guardia municipal (cuando levanta mentiras hechas atestado) o el otro, tanto da, el magistrado a quien la verdad le importa un comino porque lo importante es el ius y el iure y algún otro latinajo engañabobos, el casero o el promotor inmobiliario, el jefe de personal hideputa, el del garaje, el asesor de la pura nada, el del seguro, este, aquel, todos los de la trampa. Tampoco ves como te tima el del bar de la esquina con algún repugnante bebedizo, ni como te sisa el del banco, te lima, de la cuenta, risrasrisras, los famosos ordenadores que tienen nuestra vida atrapada en sus entrañas invisibles. Nada, tu, con tu Nietzsche a cuestas, miras hacia a lo alto, aonde los luceros aquellos de los falangistas y te dices <<¡Soy un tío bragao>> (eso sí, si miras para atrás verás las plumas que has dejado en el camino, como si fueras un Pulgarcito tontiloco).

Así las cosas, no queda más remedio que echar mano de Robinson Crusoe, el que por su mala cabeza, y su gusto inmoderado de la aventura, y por padecer ese prurito de ir para algún lado (y terminar en Pamplona, por cierto, con Viernes además, que se comió algún bicho por donde los fosos, según se cuenta en un libro que me robaron cuando me mude de casa), se echa a la aventura y naufraga. Robinson es un hombre que naufraga –qué hermosa imagen- y se ve obligado a construirse una vida con sus manos, a fabricarse el presente, a actuar –de la misma manera que en otro tiempo lo tienen que hacer los vapuleados compañeros de ruta de Cándido, el de Voltaire, cuando cultivan con provecho su huerto y filosofan o viceversa o yo qué sé-, a ser de verdad util para uno mismo, y a todo eso que queda tan bien en el papel y que luego, en la realidad, es de una complejidad extrema, cuando no un calvario.

Y ya puestos en negocios de fantasear sobre esa biblioteca mínima, biblioteca de campaña, biblioteca de socorro, pues habría que tener Baroja, bastante Baroja, todo Baroja a ser posible, porque no es autor de un libro solo, sino una fronda de personajes (como lo fue Dickens), de opiniones contundentes, de sentimientos y emociones tan comunes, como es la del descontento, la del saber que la vida suele estar muy por debajo de cómo la hemos soñado, de pasiones también, como la del decir no, del querer vivir la propia vida, libre al menos de conciencia, como Montaigne, el del château, sin ir más lejos, la del tirar del ronzal en la dirección contraria, que nos puede llevar a fuerapuertas o al manicomio o a parte alguna, lejos, que es a donde nos lleva la literatura.

[Y ya metidos en faena, yo, particularmente y en cuanto que persona humana, en una biblioteca que se precie pondría un Inferno, como en las antiguas, no con obras gorrinas o psicalípticas totales, sino con las obras completas del marqués de Sade que es un monumento a lo banal, al aburrimiento, al hastío y hasta al esplín de los flaneures, un porro dumdúm de letra impresa, que hace pensar en si los infiernos no serán todos de papel y están en nuestra sesera, y pensar también en la cosa aquella de la carne es triste (aquí se mete ahora lo del helas que queda dabute) y yo he leído todos los libros, porque carne lo que se dice carne en Egües hay unos chuletones bandera y lo de los libros, ay, lo de los libros, hay donde elegir, vaya que sí… Ah, que lo de la carne no era la de buey, ah, pues eso se avisa, se avisa]

*** Artículo publicado en la revista Tk, Nº 10, Pamplona, 2000, págs. 75-78.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s