El silencio del aviador

 

El silencio del aviador es una de esas novelas míticas que tienen a la Guerra Civil española como argumento y que están protagonizadas por aquellos aventureros que figuran en la dedicatoria que estampó Camilo José Cela (camino ya del olvido) a su San Camilo 1936.

            Esta que contó el escritor belga Paul Nothomb es la historia, no de uno de nosotros, como reza la canción, sino de uno que vino a España a quitarse el canguelo del alma pilotando aviones a las órdenes de un personaje turbio donde los haya: André Malraux, prototipo del aventurero del aire que sabía mucho de arte y que dio en ministro de cultura con el general De Gaulle, y que sirve de modelo para los morandos y los barnabuces españoles que han montado su propia escuadrilla de caza (y pesca). Un prestigio incuestionable y un eficaz escudo novelesco que protege de las inclemencias críticas.

aviador La de Paul Nothomb es una buena y escueta y tensa novela ambientada en nuestra guerra civil, pero no pasa de ser una más de las muchas que se han escrito, se escriben y se escribirán sobre el mismo o parecido asunto, aunque con resabios de algunas de las más memorables páginas aéreas de Antoine de Saint-Exupéry. Pero cuando menos, en El silencio el aviador, es la epilírica del aire y la ascesis guerrera, en aquella lucha ya lejana por una libertad tan cacareada como denostada, intocable casi, la que sostiene el relato. Algo es algo.

Paul Nothomb pone en escena su propia experiencia como piloto de aviones de caza al servicio de la República, asunto este que, por cierto, queda del todo desdibujado, salvo en el más logrado párrafo de la novela (página 128), ese que hace referencia al sentido de la fraternidad humana que acomete a quienes se cruzan sabiendo que no van a volver a verse nunca más y ponen en el tablero unas palabras escuetas que les igualan. Tengo mis dudas si aquellos aviadores no vinieron a España como quien se apunta a una montería, pero bueno, esto es muy subjetivo y solo atañe a la novela de la que tratamos si nos lo proponemos de manera no del todo bienintencionada.

Atrier, la contrafigura de Paul Nothomb, es, además de un aviador en acción, un personaje oscuro que intenta librarse de la culpa de una innombrable humillación, padecida en Venezuela (aunque en realidad pudo haber sido en los calabozos de la Gestapo), que el público de la época tomó como una cobardía injustificable.

*** Artículo publicado en ABCD, ABC, Madrid, 11.2.2006

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