Las palabras de la noche

 

SI algo no es El corazón de las tinieblas es una novela de aventuras. A aventuras literarias o novelescas me refiero. Es más un relato de lo vivido por su autor y de la mala conciencia de lo visto poco menos a la fuerza, que la narración novelada de las andanzas de uno de esos vagabundos de las islas a los que dedicaría muchas páginas luminosas y con los que se tropezaría una y otra vez en sus navegaciones por el Índico. Se trata del relato moroso y abrumado de lo que le sucedió al propio Conrad en uno de sus primeros viajes como marino mercante por cuenta de una compañía belga en la navegación fluvial del río Congo. Su contrafigura, el enigmático capitán Marlow, es una buena puerta de escape para poner en escena

El corazón de las tinieblas no es un manual del perfecto aventurero que invite a echarse a la aventura o al viaje, ya sea en acción o como viajero inmóvil de los de antes. Más bien todo lo contrario, un libro que invita a huir de ellos a la carrera porque lo que nos espera al cabo del viaje forzoso –y casi por extensión a las penumbras de nuestra propia conciencia- no es ya una cuestión de paga o la frustración de quien se pregunta qué demonios hace allí donde se encuentra, sino el horror innombrable, lo que se ve y no puede decirse, la extrema degradación humana, las palabras de la noche, las verdaderas palabras de la noche, las que no son en modo alguno novelescas. Al cabo de la aventura está la miseria, la explotación, la dominación o, como en el caso de Conrad, la más completa degradación y la barbarie de las huestes del rey Leopoldo en sus posesiones de África bajo la máscara esencialmente mercantil de la civilización cristiana y occidental. Un horror cuyo relato se sostiene sobre todo por la muy precisa manera en la que es nombrado y a la vez eludido en toda su crudeza. No se ve, pero se huele. El estilo de Conrad.

El viajero moderno, como le sucedió a Conrad aunque ese no fuera su caso, si acepta el reto de zambullirse en los países de las tinieblas –En las tinieblas de África, es el título de la crónica contemporánea de los hechos que aquí se relatan escrita por H.M. Stanley- sabe que tarde o temprano se va a encontrar con lo que repugna a su conciencia o con aquello que acepta de buen grado más que nada porque no le queda más remedio, como cómplice necesario de la barbarie de una civilización de la que por su oficio es abanderado o con la muerte pura y simple con la que se topan aquellos que de manera ejemplar han dado la vida por sus semejantes lejos donde no se les había perdido en apariencia nada. Los traficantes son otra cosa.

Y ahí, en esa descripción de una lenta navegación, que equivale a un peculiar descenso a los infiernos, es donde El corazón de las tinieblas adquiere esa dimensión de libro mítico al que hay por fuerza que referirse a fecha poco menos que fija. Siempre acaba apareciendo al fondo de las navegaciones lectoras, en su espesura, ad usum navegantes, como un preciso aviso para esos <<marineros del papel>>, en genuina expresión nerudiana, que viven por encima de toda sospecha, sin mancharse jamás, como Marlow.

El libro, hoy, es un mito literario, un clásico de los llamados con notable desparpajo inmortal. del que se puede perorar a antojo y bajo techado, lo que hurta hablar de su contenido preciso, Si algo de verdad inquietante late en ese libro es que el horror nos aguarda fuera de casa, lejos de casa, en ese lugar innombrable donde nuestras convenciones y prejuicios no valen nada y ni siquiera nuestras armas. Habla de nosotros, de lo que somos capaces y de lo que no somos capaces de hacer. Y el baile de la culpa al fondo.

Conrad quiso poner por escrito lo visto y vivido en sus jornadas del río Congo de una manera que fuera a la vez una liberación y un alegato fiscal, y que sobre todo no renegara de una calidad literaria que para él era una difícil labor de taracea, un empeño que al cabo resulta admirable. Ese equilibro es difícil, pero no es difícil intuir que la narración se sostiene sobre la oscuridad verbal, sobre ese agobio de palabras que sugieren asfixia, humedad, hostilidad, necesidad de fuga, noche <<escura>>.

Publicado en El Cultural, de ABC, ignoro la fecha, ¿Centenario de El corazón de las tinieblas?

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