Lección de estrategia

TAL vez el lector, el lector anónimo, el lector en pelo lo sepa, tal vez no, pero conviene de cuando en cuando hablar de ello aunque sea hacerlo de los arrabales de la literatura, de los gajes del oficio y de las cuestiones marginales que al lector, pagano último de la farra, le importan de ordinario un comino. Uno, a uno cualquiera me refiero, como escritor puede ser un inútil total, pero si tiene detrás al director de un diario de gran tirada, a sus amiguetes, parientes y demás interesados, haciendo de palmeros todos, puede estar seguro de hacer carrera literaria, meteórica incluso, poniendo en el mercado bodrio tras filfa, trufada de plagios ciertos HR_56600100261081_1¾luego escribe cartas babosas a los plagiados para pedirles perdón: «Maestro, yo quiero ser como usted cuando sea mayor» y otras vilezas parecidas propias de lameculos y de hideputas¾, probablemente hasta el fin de sus días.

Las listas de libros más vendidos no son veraces, como tampoco lo son las noticias que conciernen a la vida privada de los escritores hecha asunto público por arte de birlibirloque, sino reclamos para incautos y bobalicones, las razones por las que unos escritores aparecen en los papeles, viajan, figuran, firman o dejan de firmar, y otros no, nunca, en ningún caso, tienen más que ver con el gansterismo que con la literatura, los premios de pasta gansa son pufos descarados, y un largo etcétera de amenidades y donosuras que contribuyen a hacerles, a quienes en ese potaje están metidos, la vida más agradable.

Julien Gracq escribió hace mucho un libro titulado La litterature a l’estomacq donde hablaba de las trapisondas que rodean al oficio de escritor y que muy a menudo lo sostienen con independencia del valor de la obra realizada. A Gracq, la sociedad literaria francesa, no le perdonó jamás (o casi) el haber escrito aquel libro, en 1949, además, porque de las trapisondas no se habla, no es costumbre o es pésima costumbre, no es elegante. La sociedad literaria, francesa o no, pide al escritor docilidad, elegantzia, sentido de las convenciones y de las conveniencias, decir amén a todo, hacer como si no, hacer como si sí, posar, dejar de posar, sonreír, mirar al infinito, hacer como si leen, como si cocinan, como si aman, como si son listos -las focas y los osos tienen más grandeza-, trabajarse a los miembros de los jurados de postín, adular a los fachones, a los restos de la inmunda España del franquismo, ser un figurante más del gran espectáculo, del circo de la mugre (varias pistas y ninguna iluminada), que los más cucos, los que de verdad viven de ello, quieren hacer pasar por literatura. Vaya mejor el lector de la mano del Caballero de los Leones, alancee gigantes donde los haya, no los tome por molinos, ni por sus ruedas, gánele la partida al impostor.

* Artículo publicado vete a saber dónde

 

 

 

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