Sabor a podre

LO tienen todo, o cuando menos casi todo. Tienen dinero, tienen ese éxito social que la inmensa mayoría codicia, figuran por derecho propio en la pachanga de la sociedad de su tiempo, son imagen pura y a veces solo eso, y tal vez por eso mismo admirados, existen más que sus conciudadanos anónimos, viven vidas de verdad, de primera, como sus entierros, sus coyundas, sus trapisondas, parece que dicen, parece que piensan, parece, y aun quieren expresarse, venderse, dejarse manipular por la tribu de la Pandereta, escribir, en suma, y publicar y saborear esa miel nueva, antaño denostada, la de ser autor celebrado. Y mienten porque son unos profesionales de la mentira, unos profesionales de ese turbador ejercicio de hasta donde se puede llegar por dinero, del tocomocho de lo que se viene vendiendo como literatura cuando no es sino basura, eso sí, bien aderezada, bien albardada, bien promocionada sobre todo, con los necesarios toques de pandereta incluidos. Esto es, artefactos vagamente literarios, pero bien vendidos, con la técnica adecuada, con la manipulación mediática que sea menester. Y así se hace verdad lo que escribía el padre Isla (Cartas de Juan de la Encina): desdichada es la madre que no tenga un hijo que imprima. Pero la literatura es otra cosa, la verdadera literatura está transcurriendo lejos de los platós, en los márgenes, casi un paso más por delante de sus propia sombra, como siempre, en un lugar, en un espacio en el que las trapisondas mediáticas no hacen mella alguna. Eso también lo saben los lectores, que no son tontos, ni mucho menos. Porque si algo sabe Ana Rosa Quintana es que callando, sonriendo, dengue va dengue viene, no hace sino aterrizar en ese territorio en el que lo cometido no tiene importancia alguna (cosa que también sabe Urralburu and wife en otra juerga de novela negra que dicen ahora como venimos diciendo nosotros hace mucho, está más de moda que nunca), porque ya no es noticia, porque ella, profesional del ramo, sabe que al público hay que echarle pitanza renovada a diario y que lo que hoy es alarma social, mañana no es sino chascarrillo, y eso con suerte, y pasado olvido, aburrimiento, nada. Y gira la rueda de la fortuna, la ruleta amañada, y gira.

*** Artículo publicado en El Correo, de Bilbao, año 2000.

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