“Haz siempre lo que temas”

 

El-reto-es-conseguir-que-haya-_54358105248_54026874601_600_226HE leído varias veces en los últimos meses un texto literario que me parece sobrecogedor, que trasciende el momento en que fue escrito, que no envejece, que desgraciadamente es algo más que una mera referencia literaria y se me figura un acicate para la reflexión sobre la barbarie de nuestra época, la que más cercana tenemos, sostenida en el tiempo, un eficaz recordatorio. Me refiero a <<Corto viaje hacia la muerte>>, de Raúl Guerra Garrido. Es el suyo un relato intenso, vibrante, de lo vivido tras el asesinato, ahora hace poco más de un año, de su amigo el periodista José Luis López de la Calle y que aparece publicado de nuevo en un libro de once escritores castellanos (ni uno más) titulado Tierra de silencio. Sé, lo supe con retraso, que a Raúl Guerra Garrido le hicieron un merecido homenaje en Madrid. Lástima, hubiese ido. Valgan estas líneas como mi pequeño homenaje. Digo lo de merecido porque Raúl Guerra Garrido, en estos tiempos de miseria y de borrasca, no se ha callado y ha padecido por ello muy serios empujones. La quema de su farmacia en San Sebastián fue el último de una larga serie. Y todo por haber cometido un imperdonable pecado: hablar, hablar claro, pero a su aire. El que según Thomas Szasz es el peor de los pecados. Hace falta coraje y una entereza rara para sostener lo que de verdad se piensa, para ejercer la libertad de conciencia, esa que sin ejercicio no significa ni vale gran cosa. Sobre todo cuando vienen mal dadas, cundo esas palabras tienen un precio cierto. Hace falta coraje cuando se sabe que eso, tus palabras, pueden costarte la vida. <<Haz siempre lo que temas>>, le dijo a Raúl Guerra, hace muchos años, en el Bierzo, su abuelo. Tremendo acertijo que encontré agazapado en un libro precioso que publicó Raúl Guerra hace unos meses, El otoño siempre hiere, que es un libro de viajes y un libro de la memoria, de una intensidad y una emoción poco comunes, de mucha sabiduría, que tiene detrás mucha vida, donde la descripción del paisaje es de puro paisaje del alma, autorretrato casi, y las historias son briznas de una historia mayor, destellos de una mirada limpia de ver la vida. Hacer lo que más tememos suele ser hablar con arreglo a nuestra conciencia, ser de verdad libres, jugárnosla, arriesgarnos al descrédito y a perder el favor de la tribu, ponernos al margen de las convenciones y de esas conveniencias que ponen antifaces y mordazas en el más templado. Y tal vez sea esta la cuestión más candente de nuestra época, la que más a menudo va a ir saliendo a las palestras literarias, la que Raúl Guerra lleva más de media vida poniendo de una manera tan callada como ejemplar en su escena, al margen de las modas, de los ruidos mediáticos y del aplauso de la cuadrilla, en el lugar de la verdadera escritura: ejercer la libertad de conciencia, pensar por cuenta propia, al margen de la tribu y de sus leyes.

*** Artículo publicado en El Correo, de Bilbao, en junio o julio de 2000 y publicado de nuevo, sin consulta previa, en Inventario de Raúl Guerra Garrido, Fundación Instituto Castellano Leonés de la Lengua, Segovia, 2005, pág. 173 y 174.

en El ]

 

 

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