Tiempos banales

Srebrenica2

HASTA hace nada era de buen tono referirse a nuestra época como “tiempos banales”, no susceptibles por tanto de ser tenidos en consideración a efectos literarios. No era de buen tono, insisto, hablar de lo que uno tenía delante de las narices o sucedía en el pequeño escenario del que somos espectadores, casi, casi a la fuerza. Nunca me fie de esa afirmación arbitraria, entre otras cosas porque los tiempos siempre son más banales para unos que para otros. Los testimonios de quienes iban a los lugares donde la tragedia se manifestaba de más cruda manera –Bosnia, Adganistán, Ruanda…- y contaban lo que habían visto, han sido poco o nada frecuentados. Pienso, entre otros muchos, en Juan Goytisolo, en Alfonso Armada, en algún que otro libro de Javier Reverte que no es de los más conocidos, han venido siendo valorados poco menos que como un género menor. Ha venido siendo mejor mirar para otra parte o a parte alguna. Lo cierto es que la realidad de nuestra época tira de una manera firme del escritor, le requiere. Casi no hay escapatoria posible. A veces está en juego hasta la autoestima. El escritor abandona la ficción, la fantasía incluso, y echa mano de la cruda y estricta realidad. Los más que trágicos acontecimientos de la última semana que nos han dejado sumidos en la perplejidad y en el miedo, plantean tales y tan ineludibles cuestiones filosóficas, morales, éticas, jurídicas, que están poco menos que llamados a ser la espoleta casi de una nueva escritura que se cuestione, incluso desde la estricta invención literaria, todo un sistema de valores que han venido rigiendo hasta ahora, y subvertir algunos de ellos incluso. El terrorismo es uno de los problemas fundamentales de la época, como lo es el rumor de fronda de los desheredados de la fortuna, y el escaso valor que tiene la vida humana, y el imperio de la ley del más fuerte y el fanatismo religioso o político que tiene en nada a la persona y a su dignidad, y su pariente carnal, el totalitarismo. Como cuestiones para nutrir obras literarias o filosóficas, o híbridas (vuelve ya una narrativa sostenida en la reflexión filosófica de sus autores: ver la última novela de Phillipe Sollers publicada en castellano), hay casi de sobra. Jamás fueron menos banales que ahora nuestros tiempos. Sólo puede ser banal la escritura que de ellos se ocupa, pero esta si que es otra historia. [18.9.2001]

*** Ignoro donde fue publicado, por la extensión es posible que fuera en El Correo, de Bilbao, en la fecha que se indica.

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