Vuelo de pájaros heridos

 

Aves migratorias portada AVES migratorias, de Marianne Fredriksson, es una novela algo más que brillante sobre la amistad, sobre las muy peculiares relaciones de amistad, entre una mujer sueca y una refugiada chilena, uno de tantos chilenos perseguidos y torturados por los sicarios de Pinochet durante la dictadura militar. Uno de tantos chilenos que siguen viviendo en Suecia donde han podido rehacer sus vidas y que de cuando en cuando aparecen en el tablado de las noticias del día con testimonios estremecedores, sencillamente estremecedores de lo sucedido en Chile: se conoce, por cierto, el nombre de la mujer que se ocupaba de los perros amaestrados que violaban mujeres. Impunidad total. Y contra esa impunidad, contra ese daño inflingido injustamente, contra esa barbarie que destruye la dignidad de la especie humana, no hay otra justicia posible que el de la literatura y el de la memoria. Una memoria poco o nada frecuentada, la de las ofensas que el ofendido oculta avergonzado, de lo indecible, de lo que queda en una zona de sombra, tenebrosa, de sombra y de silencio, y a donde ni siquiera llegan las hirientes palabras de la noche. Es el vuelo de unos pájaros que tienen para siempre un perdigón de sombra en el ala.

Novela brillante, ya digo, y también algo más compleja y menos plana de lo que a primera vista parece, acerca de la amistad entre dos mujeres, al comienzo, tres más tarde, de las relaciones d amor intenso y de comprensión difíciles entre padres (madres) e hijos, de los afectos profundos, que surge alrededor de unas plantas en un vivero (a veces no hace falta tener mucho más en común) donde ya se anuncia la primavera entre una profesora sueca y una chilena que tiene que pelear duro por sobrevivir, una amistad que implica enseguida a las dos familias, a la sueca y a la chilena, cada una de ellas con sus zonas de sombra a cuestas, sus mentalidades tan distintas (aquí me parece que se le va la mano didáctica a la autora), sí, cierto, pero también un viaje al horror, a la desesperanza, al daño irreparable, un viaje al Chile de la desmemoria que se cierra con al detención de Pinochet en Londres. Novela repleta de personajes mayores y menores muy bien construidos, muy atractivos en sus rasgos de detalle (repulsivillos en ocasiones como cada hijo de vecino), incluso cuando no están sino meramente apuntados, cada cual con sus grandes y pequeñas pasiones a cuestas, que sirven al propósito de la autora, como es el de mostrar la trama oculta, el dechado sobre el que se tejen las relaciones de amistad, sus vaivenes, sus zonas de sombra, y el viaje a la conquista de la verdadera identidad: la memoria del daño asumida mal que bien, en situación de manifiesta inferioridad a veces, la recuperación del gozo de ser persona a pesar de los pesares. Es un relato de una notable eficacia narrativa, engañosamente esquemático en el tratamiento de algunas escenas menores, auténticos contrapuntos de punta de vista que enriquecen mucho el relato. Sobrecogedora a ratos, muy emocionante en otros, delicada, profunda, bella, Aves migratorias, es una de esas pocas novelas que tienen al día de hoy el poder de sacudirnos y emocionarnos, de hacernos compañeros de viaje, en la amistad y en el

*** Artículo publicado en El Cultural, del diario ABC, Madrid, 14.10.2000.

 

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